La realidad en la pantalla: más que una imitación

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Me sorprendió leer en otro día en la prensa (porque me las apañé para conseguir llenar el bolso de periódicos que hablaban de los Oscar) algunos periodistas/críticos/no sé, gente…. Que se quejaba que, otorgando el premio al mejor actor a Eddie Redmayne se volvía a premiar, otro año más, a la mejor imitación en vez de la mejor interpretación (según decían, la de Michael Keaton en Birdman). Personalmente (por lo tanto de manera totalmente subjetiva) creo que Redmayne merecía el premio, su papel en The Theory of Everything es un verdadero tour de force: no sólo se mete en la piel de Stephen Hawking (una persona mundialmente conocida), sino que logra emocionar al espectador mostrando la desgarradora realidad de los efectos progresivos de una enfermedad tan devastadora como la esclerosis lateral amiotrófica (más conocida como ELA). Julianne Moore ha sido valorada por este tipo de interpretación (en Still Alice encarna a una lingüista que padece Alzheimer) entonces, ¿porqué no Redmayne? Decir que la fuerza (o valor) de su interpretación reside en el hecho que esté basada en una persona real es ser simplista: The Theory of Everything es mucho más que una capa de maquillaje.

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