La realidad en la pantalla: más que una imitación

News, Think about it...

Me sorprendió leer en otro día en la prensa (porque me las apañé para conseguir llenar el bolso de periódicos que hablaban de los Oscar) algunos periodistas/críticos/no sé, gente…. Que se quejaba que, otorgando el premio al mejor actor a Eddie Redmayne se volvía a premiar, otro año más, a la mejor imitación en vez de la mejor interpretación (según decían, la de Michael Keaton en Birdman). Personalmente (por lo tanto de manera totalmente subjetiva) creo que Redmayne merecía el premio, su papel en The Theory of Everything es un verdadero tour de force: no sólo se mete en la piel de Stephen Hawking (una persona mundialmente conocida), sino que logra emocionar al espectador mostrando la desgarradora realidad de los efectos progresivos de una enfermedad tan devastadora como la esclerosis lateral amiotrófica (más conocida como ELA). Julianne Moore ha sido valorada por este tipo de interpretación (en Still Alice encarna a una lingüista que padece Alzheimer) entonces, ¿porqué no Redmayne? Decir que la fuerza (o valor) de su interpretación reside en el hecho que esté basada en una persona real es ser simplista: The Theory of Everything es mucho más que una capa de maquillaje.

Foto: Liam Daniel/ Focus Features

Foto: Liam Daniel/ Focus Features

De hecho, podemos aplicar esta afirmación a todos los puntos de vista críticos  que creen que la caracterización de una persona de carne y hueso es la razón por la que muchos intérpretes ganan premios (que suele ser cada año). Por lo tanto, no es realmente cierto que estuviera sorprendida por los comentarios leídos en la prensa, dado que escucho la misma canción cada año. Simplemente no comparto la misma opinión.

De este modo, si nos centramos en personajes célebres, la comparación entre la ficción cinematográfica y la realidad es ineludible. Sin embargo, a la hora de juzgar este tipo de interpretaciones hay que hacerse una pregunta importante: ¿cómo tratan los biopics actuales las vidas de “personajes ilustres” (o no tan ilustres)? ¿Se trata de un mero “retrato oficial” o se explora la faceta humana de la persona en cuestión? La respuesta es obvia: la tendencia de los biopics actuales es retratar la faceta íntima de personajes célebres, de los que creemos saberlo todo.

Foto: FOX

Foto: FOX

“The ambition of this film, “The Iron Lady“, was to look at the life of the Iron Lady from the inside out. And to locate something real, maybe hidden, but truthful in the life of someone that we’ve all decided we all know everything about already”. Estas palabras sacadas del discurso de Meryl Streep de los premios BAFTA en 2012 resumen la intención de los biopics actuales. Aquel año muchos críticos apuntaron que Streep había ganado el Oscar a la mejor actriz (el tercero de su carrera) debido a su imitación de Margaret Thatcher y a su habilidad de copiar su acento (Thatcher era británica mientras que Streep es americana). Sin embargo, ¿es The Iron Lady un biopic sobre el mandato de la premier británica? La película de Phyllida Lloyd (más o menos buena, ahora no discutiremos este asunto) es el retrato de una anciana de 86 años enferma de Alzheimer. Sí, esta mujer se llama Margaret Thatcher, y como vemos en varios flashbacks, había sido primera ministra del Reino Unido entre 1979 y 1990. Pero la película no es un resumen de su carrera política (para eso ya existen documentales, libros de historia o Wikipedia). Obviamente el hecho que Meryl Streep consiguiera meterse en la piel de Thatcher a nivel “perceptible” (acento, voz, gesticulación) jugó un papel muy importante a la hora de llevarse la mayoría de premios, pero no fue la única razón por la que se impuso a las interpretaciones de Glenn Close en Albert Nobbs o Viola Davis en The Help: The Iron Lady es un relato de soledad, fragilidad, demencia senil y viejez. De hecho, no parece casual que Roy Helland y Mark Coulier se llevaran el Oscar al mejor maquillaje por la película de Margaret Thatcher: si sólo era una imitación de Margaret Thatcher, ¿por qué Helland (el maquillador de Streep en todas sus películas) no había sido nominado anteriormente por ninguna interpretación de personaje real de la veterana actriz? La respuesta es, a mi modo de ver (porque al fin y al cabo es puramente mi punto de vista) simple: Streep no es la Margaret Thatcher de Downing Street, es una anciana octogenaria.

Foto: Focus Features

Foto: Focus Features

De la misma manera (y volviendo al conflicto inicial), la interpretación de Redmayne en The Theory of Everything no se limita a copiar el retrato de Stephen Hawking que tenemos todos en mente cuando hablamos de esta persona: de la misma manera que Moore, Redmayne muestra la progresiva pérdida de identidad causa de una enfermedad. Por lo tanto el actor británico muestra la impotencia y frustración de un joven con un brillante futuro por delante ante una enfermedad que cambia radicalmente su vida. El dolor es el de Stephen Hawking, pero podría ser el de nuestro abuelo, nuestra vecina, el hombre que pasea por la calle a las siete de la tarde o nosotros mismos.

¿Qué pasa cuando el espectador no está familiarizado con la persona retratada en el film, ya sea porque es anónima o porque es conocida en un cierto país o cultura específicos? ¿Acaso alguien sabe cómo habla o gesticula Jane Hawking? ¿El hecho que Philomena Lee sea una mujer real hace que el papel de Judi Dench en Philomena sea “mejor”? ¿La fuerza de la interpretación que hace Matthew McConaughey en Dallas Buyers Club reside en la verdadera existencia de Ron Woodroof?

Foto: Focus Features

Foto: Focus Features

No voy a negar lo evidente porque sería estúpido por mi parte, a la Academia tiene debilidad por las interpretaciones de personajes reales, pero el hecho que se trate de personas de carne y hueso (lo que supone una dificultad extra para el actor o actriz) no las reduce a una simple imitación de la realidad, todo es mucho más complejo. Además, ¿no sería injusto valorar una interpretación por el aspecto físico? Que a todos nos puedan maquillar no significa que todo el mundo sepa actuar…. ¡ya me gustaría que unas prótesis y una peluca tuvieran este poder!

Una persona no se reduce a los que los otros ven de ella, a lo que aparenta, al estereotipo en el que encaja, a lo que puedan decir o pensar de ella, a lo que sus acciones puedan dejar entender. Una persona es mucho más compleja, por lo tanto la interpretación que alguien pueda hacer de ella también lo es.

Advertisements

2 thoughts on “La realidad en la pantalla: más que una imitación

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s